La cocina de Alta Francia es una cocina de norte, de clima frío y mar cercano: contundente, de larga cocción y sin grandes aspavientos, con el cerdo, la patata, la cebolla y el pescado del canal de la Mancha como columnas. Se come bien en las ciudades históricas —Lille, Arras, Amiens, Boulogne-sur-Mer, Saint-Omer, Dunkerque— y también en los pueblos del interior, en mercados de abastos y en estaminés donde la carta es corta y cambia con la temporada. Un buen punto de partida para entender la despensa local son los mercados. En Lille, el de Wazemmes reúne puestos de quesos, embutidos, cervezas y productos frescos varios días por semana; en Arras, las plazas barrocas acogen mercados que abastecen la cocina de la región; en Boulogne-sur-Mer, primer puerto pesquero francés, el pescado llega casi directo a las pescaderías y a las mesas. En Amiens, los horticultores de los hortillonnages han abastecido históricamente de verduras la ciudad, y ese vínculo con el agua y la huerta se nota en los platos. Entre los platos emblemáticos, el potjevleesch ocupa un lugar central: una terrina de carne —tradicionalmente pollo, conejo, ternera y cerdo— cocida lentamente y cuajada en gelatina, que se sirve fría con patatas fritas y a menudo con una ensalada o mostaza. Es un plato de taberna, pensado para compartir y para conservarse. A su lado, el waterzooi, más asociado a Flandes pero presente en el norte, es una cocción suave de pollo o pescado con verduras y crema. El carbonnade flamande, guiso de ternera estofada con cerveza y azúcar moreno, resume bien la cocina de fuego lento y sabor agridulce. También aparece la andouillette de Cambrai, embutido de cerdo con carácter intenso, y el ficelle picarde, una crepe salada rellena de jamón, champiñones y bechamel gratinada, muy típica de Amiens y su región. El mar aporta otro repertorio: mejillones, arenques, caballa, lenguado y mariscos del canal y del mar del Norte. En Boulogne-sur-Mer y en las localidades costeras entre Calais y Dunkerque es donde mejor se aprecia la frescura; los arenques, a menudo marinados o ahumados, y las preparaciones sencillas a la plancha o al vapor pesan más que las salsas. En las marismas y canales del litoral, la anguila y el pescado de agua dulce han tenido también su hueco en la cocina tradicional. Los quesos del norte tienen personalidad propia. El maroilles, de pasta blanda y corteza lavada, es el más conocido: fuerte, aromático, presente en tartas, salsas y gratinados. Le acompañan el vieux-lille, el boulette d'Avesnes, el mont-des-cats y variedades de pasta prensada. Se venden en queserías y mercados, y aparecen en platos como la tarta al maroilles, una preparación sencilla que resume la cocina regional: masa, queso, horno y poco más. La cerveza es la bebida que ordena la mesa. La región forma parte de la gran tradición cervecera del norte de Francia y de Bélgica: cervezas rubias, ambarinas, negras y de abadía, además de pequeñas producciones artesanales que han crecido en los últimos años. Se beben en estaminés y cafés, y también se usan en la cocina, como en el carbonnade. La sidra y el pommeau aparecen en zonas de manzanos, y las destilerías del norte producen genebre y otros aguardientes. La repostería y los dulces completan el cuadro. Las gaufres —goznes o waffles— se comen en la calle y en casa, a menudo con azúcar o chocolate; en Lille y su entorno tienen fama propia. El pain d'épices, la tarta al azúcar moreno y las especialidades de chocolate de algunas ciudades añaden un final dulce. En la costa, los arenques y los productos del mar vuelven a aparecer en forma de conservas y ahumados que se compran para llevar. Para comer bien sin artificios, conviene buscar los estaminés y las tabernas de barrio, los mercados de productores y las ferias gastronómicas locales, donde se prueba el potjevleesch, la tarta al maroilles o el ficelle picarde en su versión cotidiana. La cocina de Alta Francia no busca el espectáculo: busca el producto cercano, la cocción lenta y la mesa compartida, y eso se entiende mejor en una taberna de Lille, en un mercado de Arras o en un puerto de Boulogne-sur-Mer que en cualquier carta escrita para turistas.