La cocina salteña combina tradición andina, herencia criolla y productos de cada ambiente. En los Valles Calchaquíes y la Puna, la altura y el clima seco dan uvas de concentración que producen vinos de altura reconocidos, junto a cultivos como el maíz, la quinoa y las papas andinas. En la capital y los valles, la mesa cotidiana incluye empanadas salteñas, de masa fina y relleno jugoso con carne cortada a cuchillo, papa y cebolla de verdeo; tamales y humitas envueltos en chala; locro, en invierno o en fechas patrias; y quesos de cabra y de vaca de elaboración artesanal, como el queso de Cafayate y la zona de Cachi. También aparecen cabrito, cordero, chivito y trucha de río, según la región, y postres como dulces de cayote, arropes y quesillo con miel. La cocina salteña se reconoce en el uso del ají, el comino y las hierbas de altura, y en preparaciones que varían entre los valles, la quebrada y la puna. Probar la gastronomía local significa recorrer mercados, bodegas y comedores de pueblo, donde los sabores expresan zonas y estaciones distintas de la provincia.